NIT PIRINEU 2017

Este fin de semana hemos vivido desde dentro uno de los principales eventos del trail running en España; UltraPirineu2017. En esta ocasión tuvimos la suerte de poder abrir la lata el viernes en el kilómetro vertical Nit Pirineu, con salida en la estación de esquí de La Molina, y meta en altura en Niu D’aliga. Un trazado de algo menos de 5km, con un desnivel total de 870 metros para afrontar en menos de 90 minutos. Suena bien, ¿no?

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La aventura comienza el viernes, con la llegada Bagà. Una villa pirenaica, de casas de piedra, plazas estrechas y calles sinuosas, volcada con el evento que allí se iba a desarrollar, y con una “Salomon Party” dirigida magistralmente por Depa (@deparunner), con invitados de primerísimo nivel. No obstante nuestro lugar no era ese, sino 30 kilómetros más arriba, en Molina D’alp, donde cobra más protagonismo el sonido incesante de los cencerros bovinos, que el de cualquier otra cosa. Una vez allí, en el Pic-Nic de la estación, a las 18h, la entrega de dorsales se desarrolla en perfecta sincronía, todo preparado para que no hubiese ni un amago de agolmeración. Bolsa del corredor con productos de belleza e higiene capilar, clásico caldo Aneto, un headband de Buff® con branding de Petzl®, gel e información y mapa de todo el evento. Muy nutrida.

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Se acerca la hora, se hace de noche. Esa misma mañana había caído una tromba de agua y granizo que, si bien nos hizo presagiar lo peor a los menos conocedores del terreno (más tarde comprobamos que en nada afectó a la zona), en lo único que incidió fue a un enfriamiento notable de la temperatura. Alrededor de 5 grados en línea de salida, que obligaban a un calentamiento exhaustivo, casi tanto como el control de entrada al cajón de corredores, en el que nos revisaron todo (y lo recalco) el material obligatorio para la prueba, a saber zapatillas de trail (obvio), frontal, pilas de repuesto, manta térmica y silbato. Opcionales bastones, que a la postre fueron salvadores de más de una hernia discal allí arriba. Estamos dentro, estamos en la salida.

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En la primera línea se agolpan los gallos, Jan Margarit, Pere Rullán, Arnau Cases…todos ellos favoritos a llevarse una prueba con cada vez más adeptos, van tomando posiciones. Decido no ponerme muy cerca, para no sufrir una ida de olla con el ritmo de los campeones, y enciendo el playlist de #RockTheRoofs. Vamos a tomar la salida con un poco de Rage Against the Machine, lo cual provoca que los 300 primeros metros vaya a un ritmo sostenido de 3’55” antes de afrontar la primera (y agónica) subida. Maldita música, joder.

Los dos kilómetros posteriores discurren por una cañada con algo más de un 60% de inclinación, terreno técnico, donde los veteranos del lugar se cobraban la ventaja de conocer la zona. A los que no, nos tocó sufrir y quedar algo rezagados, más pendientes de dónde colocar el bastón y la puntera, que de nuestra propia frecuencia cardiaca (185ppm y alrededores). Parecía no acabarse nunca cuando, nada más comenzar el segundo kilómetro, nos encontramos con un pequeño avituallamiento donde, de pasada y sin parar, reordené los muebles en la cabeza, me chuté un gel de 100g de cafeína, y me decidí a entregar mis túrdigas al mejor postor que hubiese ahí arriba. Sólo llevábamos 2.200 metros recorridos, y muchos empezaban a frenar, parar, descolgarse y darse la vuelta. Siendo sinceros, era para pensárselo, pero precisamente cuando más parecía flaquear la cabeza, se juntan los elementos, la música (benditos Kings of Leon) y un cambio de terreno (llegamos a un sendero bien pisado y con algo menos de inclinación), que hizo que comenzase a avanzar mientras los relámpagos hacían eco en el horizonte. Quedaban 1.500 metros, y ahora sí que no había opción a dejarse nada en el tintero, sino a recuperar el tiempo perdido ahí abajo, con lo que tomó peso la opción de echarse a correr, y vive Dios que corrí.

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Las luces del Niu D’aliga ya tomaban forma, el ruido del speaker y el público allí congregado acogía una llegada que yo, personalmente, hubiera postpuesto un par de kilómetros más, por aquello de disfrutar de la zona, no obstante nuestra Nit Pirineu 2017 ya se había acabado, y ahora tocaba disfrutar de una “botifarrada” en el refugio, donde todos vitoreaban a Jan Margarit, a la sazón vencedor de la prueba (una vez más).

Poco quedaba que hacer allí más que revestirme con el equipamiento que la propia organización tuvo a bien subir, previa señalización con nuestro dorsal, y tomar dirección al telecabina para bajar a la estación.

¿Conclusión? Reservo hotel para 2018. Inmejorable.

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*Créditos fotográficos de Père Rullán, Deparunner, Aquiberguedà.com y Edu Ferrer.

 

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